Por: Leonardo Rossi (De nuestra Redacción)
Silenciadas, ocultadas, vilipendiadas. Un puñado de calificativos que caben a esas mujeres trabajadoras que tantas veces sostienen el equilibrio de un hogar sin ser parte de la familia. Las domésticas, como fueron denominadas históricamente, cuentan desde hace un mes con un nuevo régimen de trabajo que llegó con cinco décadas de demora. “Este sector siempre fue invisibilizado, por una cuestión de clase y género”, remarca la historiadora caroyense Patricia Roggio. Durante este mes y hasta el 30 de junio hay tiempo para inscribirse en el nuevo marco regulatorio a través de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).
Desde su labor de investigación, esta docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Universidad Católica, ha recorrido buena parte de la historia de las trabajadoras de hogares, tanto en Argentina como en Córdoba. Roggio comparte que los grandes medios “han dado poca atención a este nuevo marco”. Como si el cambio legal no bastara para reparar ese lugar marginal en el que han sido colocadas por los relatos hegemónicos.
A primera vista, tuvo gran impacto mediático el plan de la AFIP para recaudar sobre personas que ganen más de $ 500.000 y además cuenten con un patrimonio de $ 305.000 como piso, con el fin de obtener recursos para las empleadas domésticas. Es decir, se encendió la alarma por la recaudación sobre sectores de altos ingresos. No obstante, hubo un trato secundario al avance de derechos de un sector postergado. “Ahí está la cuestión de clase”, aporta Roggio.
Entre otros beneficios, el nuevo marco permite 35 horas corridas de descanso por semana, frente a las 24 del sistema anterior. Se regularon las horas extras, con pago de 50% más en días de semana y 100% los sábados pasado el mediodía, los domingos y feriados. Y de los 30 días de licencia por enfermedad se pasa a tres meses (para empleadas con hasta cinco años de antigüedad) y seis meses (a las que cuentan con más de cinco años de servicio). Este período de ausencia debe ser remunerado. Todas estas conquistas quedaron oficializadas el 12 de abril, cuando se publicó la promulgación de la ley. El estatuto que regía había sido impulsado por el dictador José Aramburu, en 1957.
Una mirada en clave histórica
“Ser mujer y trabajadora doméstica: olvido y subordinación. Córdoba primera mitad del siglo XX”, se titula una ponencia de Roggio presentada en las jornadas de historia de Córdoba (2008). Desde esas páginas surgen varios ejemplos del desequilibrio entre clases y géneros. Al trabajo asalariado fuera del hogar, las domésticas debían atender su casa: “la crianza de los hijos, preparación del alimento diario, lo que implicaba también conseguirlos a precios accesibles para el cuidado de la economía familiar, lavado y planchado de la ropa, mantener en orden el hogar, socialización de los niños, cuidado de los ancianos y enfermos del grupo”. Estas mujeres “constituyeron uno de los eslabones más débiles” del mundo laboral. Algunas causas de esta caracterización: “la dispersión en el desempeño de sus tareas en miles de hogares, las interminables jornadas de labor, el escaso o nulo nivel de alfabetización, su situación de subordinación, el peso de las tareas de reproducción”. Y como contexto: una “sociedad conservadora y patriarcal”.
A partir de análisis de diarios y discursos legislativos, surge que aún en la década del ’40 del siglo pasado, no tan lejos en el tiempo, la “discriminación que se hace respecto del sector” lleva a naturalizar “su situación de servidumbre”.
Las que paran la olla ante la crisis
Otro dato que surge es que en épocas de crisis, la provincia de Córdoba vio incrementar esta rama del mercado, debido a la tendencia a la baja de trabajo en los jefes de familia, que “empujaron a la mujer a incorporarse en este sector”.
¿Por qué es importante estudiar el desarrollo de este sector?
- El análisis del sector resulta de fundamental importancia porque absorbía los mayores contingentes de mano de obra femenina, presenta un constante incremento y sus salarios se presentan dentro de los más bajos del mercado. A eso se agrega el hecho de carecer de una estructura gremial que fuese capaz de otorgar mayor visibilidad a sus reclamos y de un adecuado marco legal.
Una de las conclusiones de la investigación de Roggio bien podría utilizarse en estos días. La mujer, empleada en un hogar, doméstica, “se halló sometida no sólo a la explotación, propia de su clase de pertenencia, sino a la subordinación, en función de su sexo”. La nueva legislación da un nuevo encuadre, ahora --en función de lo que plantea la historiadora-- resta fino y arduo trabajo cultural para avanzar en el reconocimiento pleno de este sector dentro de la masa laboral.
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