Por: Leonardo Rossi (De nuestra Redacción)
Alejandro Mira está en silla de ruedas y suele andar por la ciudad, acompañado por su madre. La prioridad para ellos es contar con espacios en donde detener su vehículo.
El “Negro” Alejandro Mira tiene hoy 40 años. Cuando nació, en la ciudad de General Pico (La Pampa), un mal trabajo de parto le marcó lo que vendría en adelante. Desde entonces tiene una parálisis, que le impide movilizarse con normalidad. Pero eso no fue obstáculo para salir, andar la calle, pasear, jugar. Es que siempre tuvo a su lado un as, la carta más alta. El Negro fue acompañado cada día por Teresa Cuitiño (66), su madre. Obstinada, nunca dejó de buscar todos los recursos y posibilidades médicas para mejorar el desarrollo físico de su hijo. Ejemplo en la materia, Teresa destaca que la comunidad local “colabora” con las personas discapacitadas, pero llama a dar algún avance más. Por ejemplo, insiste con la “falta de espacio para estacionar” prioritario para quienes se movilizan con alguna dificultad.
Desde aquellos primeros años, cuando llevaba al Negro a tratarse a Córdoba capital hasta hace poco tiempo, Teresa iba y venía con su hijo en colectivo, taxi, remis. Recuerda esas andanzas por el centro de la capital provincial, esquivando obstáculos, con Alejandro “colgado” a sus hombros. “Un sufrimiento”, dice con cierta risa. El negro la mira y larga una carcajada. La mujer tampoco olvida el tránsito que había en la zona, hace cuarenta años, más liviano pero no por eso mejor organizado, y la falta de preparación que había en calles y veredas para transitar con su hijo. “A estos chicos antes se los ocultaba”, enfatiza, en una frase que apunta directo a una sociedad que “por suerte ha quedado atrás”.
Otros tiempos
“Yo me manejo con la silla, todavía puedo con y él colabora”, pero el problema surge al momento de estacionar ahora que tiene auto. Dice que el único lugar donde puede detenerse es en el Banco de Córdoba. Por el contrario cuando lo debe “llevar a la Clínica Viale no hay lugar para estacionar”, y así ocurre en otros tantos puntos de la ciudad, describe.
Un momento de frustración llega en el verano, durante el festival de Doma y Folclore. “Tengo logo de discapacidad, pero las playas quieren plata y no quieren perder. Y él esos días quiere salir, pero la verdad es que se complica demasiado”, indica Teresa. A “los juegos, las rampas, y otras cosas buenas que se van haciendo”, Teresa pide también prestar atención a este ítem. Insiste: “Cuando está en su día, y quiere salir a pasear sería bueno tener lugares para poder bajarlo”.
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