Nancy Reyna es tía abuela de Benjamín, el niño que falleció ahogado en las aguas del canal San Carlos recientemente. Asegura que la familia está devastada y que la madre del pequeño suele acercarse a la orilla del canal para llorar amargamente.
Nancy sabe lo que es el dolor porque ella misma perdió un hijo a mediados de los ‘90 mientras intentaba cruzar la ruta nacional 9. En ese entonces, el dolor y la solidaridad de los vecinos de Sierras y Parques y de Los Álamos concluyó con una masiva protesta sobre la ruta. Ruidosa. Furiosa. Y que concluyó con la inversión del municipio caroyense en el semáforo que está en la esquina de la empresa Arcor.
Esta vez, están tratando de congregar la misma indignación vecinal para pedir una solución definitiva para el canal San Carlos que pasa por ejido jesusmariense, aunque el derecho de uso de agua está concedido por la provincia a Colonia Caroya. Es que ya fallecieron cuatro niños en el canal y no quieren que haya ni uno más.
“¿Qué pretenden? ¿Qué volvamos a cortar la ruta para que hagan algo con ese canal? La gente está muy mal por lo que pasó con Benjamín. Hay muy muchos chicos acá en Sierras y Parques. Le pido al intendente de Jesús María que se ponga las manos en el corazón -lo mismo con el de la Colonia (Caroya)- y que nos den una solución porque no queremos que haya ningúna víctima más”, señaló Nancy.
Daniel Toledo, tío de Adriano Marenchino, también vio fallecer a su sobrino hace 13 años y rememora que los reclamos vienen desde hace rato: “Siempre nos hemos quejado y nunca han hecho nada. Nunca nadie se molestó con nada. El que se cayó el otro día es el cuarto que se ahoga. La Municipalidad no nos lleva el apunte y nos tienen a las vueltas. Salvo en las elecciones que vienen y te prometen el oro y el moro, pero pasan las elecciones y qué pasa... ¡fuiste!, se olvidan de todo”.
La familia de Adriano todavía espera que la Justicia resuelva lo que pasó con ese pequeño que fue encontrado del otro lado de la ruta 9.
Valeria González vive desde hace cuatro años en una casita pegada al canal y puede testimoniar lo que es vivir sin poder despegarles los ojos de encima a los pequeños: “Es peligroso. Acá se cayeron varios chicos. Hemos sacado a uno casi ahogado y lo hemos tenido que llevar al médico con vómitos y fiebre. Con los vecinos hablamos que habría que hacer algo, cerrarlo por lo menos”.
La pelota está en manos de las autoridades que tienen que decidir cómo gestionar e invertir para que la obra se concrete y les de tranquilidad a los vecinos de uno de los barrios con mayores carencias en la zona.
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