La edición 49 del Festival de Doma y Folklore, finalmente, tuvo brillo propio. No fue la sucesión de diez noches más camino al cincuentenario sino que tuvo que atravesar situaciones que excedieron los límites del anfiteatro José Hernández y del escenario Martín Fierro antes de redondear otro capítulo con importante asistencia de público y generosos ingresos que irán a parar a las 20 escuelas socias y dueñas de la fiesta.
Aunque hubo de todo y para todos los gustos, estos fueron diez momentos o razones dignos de congelar para la posteridad.
Jinete quebrado, reservado muerto. La jornada inaugural depararía, también, las primeras preocupaciones ya que, pasada la medianoche, se accidentó con quebradura de las costillas 8 y 9 el cinco veces campeón en Jesús María, Ramón Córdoba, representante de la provincia de Santa Fe. Momentos más tarde se produciría la muerte por un paro cardiorespiratorio del reservado La Polca, mientras era jineteado por el jinete Martín Leiva.
Pachamama, ven, ven. Bola de discoteca como imagen de fondo, Fede Flores comandando sus bandejas de DJ, y Los Tekis con sus instrumentos acompañando la presentación del tema Pachamama. Los de Jujuy no solamente demostraron que pueden derribar barreras y grabar clásicos del rock nacional con su impronta sino que son capaces de levantar el humor del público. Su performance se inscribió entre las mejores de la programación de 2014.
Todo por Abel. La última revelación del folk-pop, Abel Pintos, ayudó al Festival de Doma a coronar su primer lleno total y a vender más de 20 mil tickets durante la noche del jueves 16. Fue el primer artista que hizo bajar el promedio de edad de los asistentes, que desbalanceó la relación mujeres-hombres y que hizo llegar los decibelímetros a niveles altísimos. La devolución de Abel fue completa, estuvo en escena más de una hora y media, y lloró tras la ovación después de La llave.
El clima, otro aliado. Nada de lo que cayó durante diez días y sus noches en Jesús María calificó como lluvia ni alcanzó para aplacar el tremendo sofocón que vivieron quienes concurrieron al festival con días en que la sensación térmica orilló los 40 grados y la madrugada encontró el anfiteatro con temperaturas de más de 30 grados. El público no dejó de concurrir ni siquiera en circunstancias como éstas de calor extremo como las que se vivió desde la mitad del festival hasta el final.
Milagro santiagueño. Cuando comenzó el conteo de tickets durante la madrugada del domingo 19 y se llegó a la friolera de casi 24 mil entradas vendidas, se certificó que el último sábado viene siendo elegido por el público para desatar la fiesta y consumir cantidades industriales de bebida. La algarabía que desataron Los Carabajal y Los Manseros Santiagueños no fue sorpresa en esta edición en que se superó con holgura la cantidad de 130 mil entradas vendidas.
Los caballos siempre suman. Si bien la jineteada es uno de los fuertes de la programación y las tropillas este año mostraron un importante nivel con sus reservados, la presencia del caballo en otros contextos también le sumó a la fiesta. El público también valoró y aplaudió con ganas lo que demostraron con las tropillas entabladas, las destrezas y juegos gauchos, las exhibiciones de pato, y los desfiles de carrozas y de caballos emprendados.
Fuente: La Voz del Interior, Suplemento VOS, edición del 20 de enero de 2014.
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