Por: Dante Taboada Cardoso (Periodista).
En la ciudad de Deán Funes al norte de la Provincia de
Córdoba, desde el 10 de julio del año
1994, por iniciativa del entonces intendente Hugo Bellina funciona el Museo
Arqueológico y Paleontológico.
Se encuentra en una casona semi rural de principios de siglo
XX, donde se exponen fósiles encontrados en la zona. El museo muestra elementos
de la presencia de la cultura Ayampitín y Sanavirones que habitaron la región
que hoy denominamos Córdoba Norteña.
Colecciones particulares del Dr Lincoln Urquiza y con
aportes del Instituto Antropológico de Córdoba se pueden ver en las vitrinas
como puntas de flechas, proyectiles, cuchillos de piedra, conanas, morteros,
collares, maderas fosalizadas e improntas vegetales en piedra, cerámica y
restos de arqueología urbana. Pero el mayor atractivo son dos gliptodontes
recuperados, un Panochtus Tuberculatus de 4 m de longitud y un Sclerocaliptus
de 2,30 m de longitud.
En el año 1991 se encuentran restos de un ejemplar de
gliptodonte cerca del lecho de un río seco en la cercanía de Chuña. El dr
Lincoln Urquiza, destacado investigador e historiador apasionado por la
paleontología, lleva a analizar los primeros restos al Museo Provincial y se
determina que era un ejemplar de un Gliptodonte Panochtus Tubercalatus. Fue ardua la tarea de extracción de semejante
espécimen de alrededor de 4m de largo y de 2 tonelada de peso sepultado en el
medio del monte, que se llevó a cabo con la colaboración de aportes de la
Municipalidad, la colaboración especial de la Directora de Cultura Nene Paredes
y la tarea de los geólogos Silvana Urquiza y
el geólogo Carlos Console de la Universidad Nacional de Tucumán y un
grupo de colaboradores.
Los gliptodontes habitaron en toda la República Argentina en
el Pleistoceno, de la mega fauna de mamíferos, eran herbívoros, consumían entre
500 a 800 kg de vegetales, eran muy difícil ser atrapados por otros animales
porque en señal de defensa se metían dentro de su coraza, pero con la llegada
del hombre eran indefensos y eran cazados por sus flechas causa probable de su extinción. Tenían una caparazón con
forma de media cáscara de huevo formado por algunas plaquitas en formas
hexagonales y redondeadas, debajo de el
se encerraba el cuerpo del animal con un robusto esqueleto.
En el año 1993 ya terminado
el proceso de recuperación y mantenimiento, era inminente la necesidad de un
lugar donde poder exponerlo, entonces se crea el Museo Arqueológico
Paleontológico donde el Dr Lincoln es nombrado director y aporta su colección
personal de piezas arqueológicas encontradas en la zona.
La primera casa del museo fue en el radio céntrico para
luego trasladarse a la vieja casona del año 1920 de la familia Mizzau, donde
funciona en la actualidad el museo. Dentro de un ambiente donde la
naturaleza y la imponente arboleda que
cubre el predio te predispone a un viaje en el tiempo, que continúa cuando se
pone los pies en esa antigua casa de particular arquitectura donde los
vestigios del pasado, la historia del norte cordobés y el encuentro impactante
de los restos fosilizados de este gigante expuesto en la sala principal de más
de 70 mil años, más la historia de una civilización en las vitrinas del museo,
restos de la cultura primitiva Ayapitín del aproximadamente 6000 años A.C . que
en un principio eran nómades, se
alimentaban de granos, frutos de estación y de la caza, que con el conocimiento
de la agricultura y darse cuenta que podían sembrar y así producir su alimento
se volvieron sedentarios, fueron los antiguos habitantes de esta región. Se calcula que antes de la llegada de los
españoles a Sudamérica en estas zonas habitaban Sanavirones y un poco más para
la zona de Ongamira habitaban los Comechingones que también podemos ver el
legado de su paso por estas tierras.
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