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El Quantum Sexual

“Yo pierdo el respeto por la persona que hace del misterio del sexo, el tema de un chiste grosero y que cuando uno habla abierta y honestamente del tema, huye callado”.
H. D. THOREAU


Por: Juan Manuel García Escalada (Docente y Psicólogo Social).
Comienza a hablar el gran poeta americano: Walt Whitman pasa lista (en su conciertorama literario) al mundo, y pregunta muchas veces: “¿…Están los animales? ¿Están los árboles? ¿Están el hombre y la mujer? ¿Está el niño y la niña? ¿Falta a escena la vida y la muerte? ¿Están los astros? ¿Están el sapo, la hormiga, la mariposa, el guijarro? ¿Falta alguna isla olvidada? ¿Llegan los músicos y los violines y los pájaros? / De todo y de todos será la canción de mí y de tí también / ¿Y qué dice esa canción? / Quédate hoy conmigo, vive un día conmigo y una noche...tendrás entonces todo cuanto hay de grande en la Tierra y el sol (existen millones de soles allá) / No tomarás nada de mí, aprenderás a escuchar en todas las direcciones y dejarás que la esencia del Universo se filtre en tu ser / He oído a juglares hablar y cantar del comienzo y del fin.
Nunca hubo otro comienzo que éste de ahora, ni más juventud que ésta, ni más vejez que ésta y nunca más habrá  perfección que ésta, ni más cielo, ni más infierno que éste de ahora...
Vago e invito a vagar y lo que yo diga de mí, lo diré de tí, porque lo que tenga yo, lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también...”
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Whitman habla de la sexualidad humana.
En la belleza del texto literario se desmitifica esa dogmática, intransigente y miedosa actitud. Manifestada en esa prejuiciosidad mundana de estereotipos humanos.
El escritor muestra ser aficionado a las proporciones. Ser poeta y matemático y físico a la vez. La poesía como ciencia, la matemática y la física como arte.
El bardo americano habla de esa interdependencia universal, ya que a nivel del campo cuántico no existen fronteras bien definidas, el universo nos amplía en la inmensidad del vacío y la luz.
¿Qué somos?. Los antiguos sabios decían: “Soy eso, usted es eso, todo esto es eso y eso es todo lo que existe”.
El árbol, desde lo material, comparte el oxígeno, el hidrógeno, el carbono, el nitrógeno con nosotros. Somos energía e información desde lo cuántico. Pero nuestro cerebro hace la diferencia, no como seres superiores sino como diferentes.
Procesa la energía y la información  y construye nuestro cuerpo. Ese cuerpo que es parte proyectiva del universo a partir de la luz y la energía.
Dios no se incomoda, él sabe que está en cada ser humano. Porque el Amor es Dios. Y que otra cosa es Dios sino el encuentro con uno mismo; con llegar a saber qué somos, de sentirnos unidos  en un todo al universo. ¿El amor a la vida? Es amor  verdadero, auténtico,  que permite llegar a amar al otro/a,  y  no al estereotipo de inseguridades personales que buscamos en cada persona como anclaje por tener miedo de nuestra soledad vacía,  que nos muestra nuestra existencia en particular.
Y que por inconciencias de conductas llamamos, a ese otro/a, el amor de nuestra vida. Primero, amar la vida para encontrar el amor existencial.
Educar para aprender a amar la vida y en la vida.  Me entrego como semilla que fructificará en el mañana, sin egoísmo de especulaciones.
 Podemos desarrollar, si lo deseamos, (teorías, sin desvalorizaciones) a través de egos racionales, para una interpretación como Ciencia, flotante, fluctuante, ondulante. Pero nada de ello supera a la instancia de amar nuestra propia existencia, como seres interdependientes, que nos quitan los egoísmos personales. Primero el Arte, luego la  Ciencia.
El amor expande la sexualidad, porque lo comprende todo.
Y si la sexualidad es energía que conforma, vibra, vive; entonces se transforma en subjetividades.
Percepciones que anidan en cada ser. Y éstas nos hacen Sujetos.  Para aprender y ser responsables de nuestras elecciones diarias. Como adultos, que es en definitiva la meta auténtica de nuestra existencia humana. Sin ser adultos, nuestra especie no puede sobrevivir. Tendrá que aprender a convencerse de ello.
Un Dios en cada ser, para que éste  busque en lo que ha denominado AMOR, (que es Dios), la esencia del existir humano.
Claudio Minoldo

Claudio Minoldo

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